dijous, 23 de febrer del 2012

NO FUE EXACTAMENTE EL DÍA MÁS FELIZ DE MI VIDA

Aquel sábado no me desperté precisamente con buen ánimo. No podía ser de otra manera, unos días antes me comunicaran que mi abuelo se estaba muriendo, tenía cáncer y le quedaba poco más de un mes de vida. Mi padre se fue a México para verlo y acompañarlo en su trance final. Mientras yo y el resto de mi familia nos quedamos en Amposta. Tenía que seguir con mis rutinas... el baloncesto, los estudios... pero no me podía concentrar. Recuerdo que suspendí un examen de inglés y no me importó, puesto que mi mente estaba a miles de kilómetros, al lado de mi querido abuelo.

La vida transcurría monótonamente aquel sábado. Mi madre me preparó una lista de la compra y salí de casa decidido a satisfacer los deseos de mi madre. Al regresar, sonó el teléfono. Era mi padre que desde México nos quería comunicar la terrible noticia. Recuerdo exactamente las palabras de mi madre y el rostro que poco a poco se iba entristeciendo más y más.

- ¿Sí?

- ...

- ¿Y sufrió mucho?

- ...

Entonces lo supe, había muerto.

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